Sí, vas a poder

Por Euge Valdez

Creo que lo más difícil de una separación es pensar qué pasará con la vida de los hijos. Casi como una culpa interna, las mujeres se debaten entre dar el portazo o volverse por años mártires. Me pasó esta semana de escuchar dos historias parecidas con distintas narradoras, en una el coraje y en otra la desolación.

Pienso tal vez que en el primer caso M decidió dar el primer paso luego de que su esposo le pegara y le fracturara la nariz. M se esmera en hacerme entender que ese día”no hizo nada” como si hubiera un motivo para que alguien te golpee y llegue a la brutalidad de desvanecerte en ese mismo golpe. ¿Qué te llevó a salir de esa situación? pregunto. “Yo no merecía tener esa vida de mierda”. Y entonces muevo la cabeza en señal de total aprobación, en realidad, nadie lo merece.

Distinto es el caso de R, ella se ha resignado a seguir su vida de casada porque sus hijos así se lo pidieron. Ellos no saben en verdad que en la desolación que recorre la mirada de R está el deseo de escapar pero ante el pedido egoísta que hicieron ella se resigna. Decide simplemente ser madre, y renunciar a la  mujer que ante el hostigamiento y la violencia psicológica y económica que recibió ha dejado de amar y no puede sin sufrir antes, compartir la cama con el padre de sus hijos.

Con seguridad pensaremos que las separaciones no son un mal que aquejan solo nuestro tiempo. Han existido desde siempre pero la realidad es que las mujeres hoy se sienten más valientes, y ante la adversidad de tener que afrontar la crianza de sus hijos solas, ya no temen.

Yo no tengo hijos pero eso no me inhabilita para reconocer lo complicado que es poder mantenerlos, brindarles comida, educación y salud. Y cuando veo esas mujeres que como M tienen la suficiente confianza, por no decir otra cosa, en ellas mismas para sobreponerse creo que este mundo se torna menos duro. Sé que aún hay muchas más que tienen todavía dudas, o mejor dicho culpa. Se sienten culpables de no poder cumplir con el precepto de mantener su marido hasta el final de sus días. Ni hablar si se han casado, un divorcio es insuperable. O como en el caso de R que teme la infelicidad de sus hijos, aunque eso la lleve a una tristeza profunda o a soportar el continuo acecho de un sujeto que la maltrata.

Quisiera poder decirle a cada una que si podrá librarse de sus ataduras, de los preceptos, de sus tristezas, pero vendería frases de autoayuda. En cada una de ustedes, sí, hay una fuerza capaz de hacerlas fuertes, solo ustedes pueden hacerlo posible. Solo nosotras podemos cambiar la historia.

eugeniavaldez@diarioalternativodetucuman.com

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